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Internet de las cosas, ¿Qué es y cómo está cambiando nuestra vida cotidiana?

Hasta hace un tiempo, nuestra relación con los dispositivos era más simple: estos se conectaban a través de internet a partir de nuestras órdenes para cumplir lo que nosotros, los usuarios, les solicitábamos. Así, el intercambio de información (la que obteníamos de ellos o la que ellos obtenían de los usuarios) dependía de nuestro accionar. De esta manera, éramos los usuarios los que nos conectábamos a internet a través de nuestra computadora, para buscar la información que necesitábamos o para enviar mensajes a otras personas. Pero esta relación entre los dispositivos y personas está cambiando: hoy son los dispositivos los que se comunican entre sí e intercambian la información que necesitan para cumplir sus tareas.

“Internet de las cosas” es un nuevo concepto que revoluciona la manera en la que los dispositivos se relacionan y actúan. El término “Internet de las cosas” o IoT (Internet of Things), surgió en el Massachussetts Institute of Technology, y refiere a la interconexión M2M, o máquina a máquina. Significa que Internet ya no se trata solamente de interacciones entre personas mediadas por dispositivos, sino que es un espacio donde los dispositivos se relacionan e intercambian datos entre sí, sin la mediación de los usuarios. Los beneficios de estos cambios son muy variados, y van desde la agilización de tareas de la vida cotidiana, hasta el incremento de la productividad en grandes industrias.

En otras palabras, se trata de volver más inteligentes a los dispositivos para que puedan resolver entre ellos sus necesidades de información, y así puedan reemplazarnos en el desarrollo de algunas tareas y en ciertas tomas de decisiones, para agilizar los procesos. Los dispositivos pueden interconectarse en la Red e intercambiar datos en tiempo real, mediante la inserción de chips pequeños en los objetos con acceso a Wi-Fi para procesar y actualizar información permanentemente.

Así, por ejemplo, se puede evitar el agotamiento del stock en los comercios: los productos a la venta en las cadenas de supermercados pueden contener un chip que los identifique, los cuente y de la orden a otra computadora de actualizar cuántos artículos quedan y cuántos hay que enviar a cada sucursal. En un ejemplo más cercano a nuestra vida cotidiana, los sistemas de calefacción hogareños pueden comunicarse con otros dispositivos que los provean de información acerca del pronóstico del tiempo, y auto-programarse para aclimatar una casa sin necesidad de la intervención humana. O los teléfonos móviles pueden estar sincronizando su ubicación GPS en la nube para que sea posible ubicarlos en caso de extravío. Los ejemplos como estos siguen más allá de lo que podemos imaginar.

Según distintas estimaciones, se calcula que hacia el año 2020, podrán ser hasta 50.000 millones los dispositivos que se conecten a Internet para crear un mundo más inteligente.

Algunos de estos usos te suenan familiares porque ya están presentes en tu vida, y esto se debe a que Internet de las cosas es una revolución que ya está en marcha. Ya estamos relacionándonos con los dispositivos más como programas inteligentes que pueden resolver situaciones por nosotros, y no como meras herramientas que obedecen órdenes simples atadas a nuestro seguimiento. Lo que hoy llamamos objetos “inteligentes” hace referencia a que estos están comenzando a “pensar” por nosotros, y nos están ayudando a llevar una forma de vida más inteligente.

Pero esto es sólo el comienzo: la red de los dispositivos está creciendo a pasos agigantados y muy pronto conoceremos más beneficios e innovaciones. Según distintas estimaciones, se calcula que hacia el año 2020, podrán ser hasta 50.000 millones los dispositivos que se conecten a Internet para crear un mundo más inteligente. Como dijo Hans Vestberg (el CEO de Ericsson): “Si una persona se conecta a la red, le cambia la vida. Pero si todas las cosas y objetos se conectan, es el mundo el que cambia”.

Somos, entonces, parte del cambio. Nuestro éxito depende de comprenderlo y adaptarnos.

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